Horror en Perocão

Si Stephen King tiene su Maine natal, y H. P. Lovecraft, la minúscula Providence, de donde salió pocas veces; Rodrigo Aragão tuvo la astucia– mitad por inspiración, mitad por osadía - de asentar, en el modesto barrio de pescadores Perocão, en la asoleada Guarapari (ES), las bases de su universo mítico. Las calles suburbanas, los niños pescando y los barcos esperando la marea nada tienen de tenebroso... a no ser en la imaginación del director, que por afinidad – y comodidad – crea al rededor de su casa una dimensión fantástica, estrujada entre el manglar y el mar. La junción de lo que vive bajo el lodo fétido, con lo que se oculta abajo de la superficie de la bahía, se libera en historias extraordinárias. En Perocão, el sol no consuela el miedo, sólo lo ofusca. Sus habitantes ficticios vagan en un espacio sin tiempo ni progreso material, en que el conflicto entre el Bien y el Mal sólo ofrece dos alternativas a las personas comunes: rezar o rezar corriendo.